" Aquella tosca piedra, como un rostro deforme,
se alzaba junto a un río y a la sombra de un árbol.
Humilde, pero altiva, con su oscuro silencio,
erguía entre las hierbas su redondez de cráneo.
Las lluvias del otoño la vieron impasible;
impasible la vieron los soles de verano.
Y allí estaba la piedra con su quietud inútil.
Y las flores se abrían y cantaban los pájaros.
El árbol murmuraba: 'Yo florezco y doy sombra,
y alzo al sol mis ramajes como si fueran manos'.
El pájaro decía: 'Yo voy hacia la aurora,
y tengo el don supremo de la vida, pues canto'.
Y el río: 'Mi agua clara purifica la tierra;
soy la virtud fecunda y el próvido entusiasmo'.
Pero la tosca piedra callaba tércamente,
bajo la melancólica palidez de los astros.
El corazón del tiempo palpitaba en la sombra,
y entristeció en un siglo todo el bosque feliz.
Los pájaros callaron y se secó aquel río,
y envejeció aquel árbol de profunda raíz.
Y se abrieron entonces los ojos del silencio;
y pasaron mil años, y después otros mil.
El árbol, poco a poco, se conviertió en ceniza,
y el cauce fue estrechándose como una cicatriz.
El bosque se hizo un páramo, y el páramo un desierto.
Pero la piedra estaba allí".
Gracias por publicar este poema. Llevo un siglo buscandolo.
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