"Habrá una mala hora,
años más allá del horizonte cercano,
en que la muerte toque mi puerta
y con su ósea mano me tome
y me lleve cual niño pequeño
a través de las calles y los parques,
una mala hora en que deje este mundo,
en que me marche para siempre
y no vuelva jamás.
Habré vivido y habré mentido,
(¡qué va! si son la misma cosa)
Soñando siempre, como todo humano,
tomando caminos erróneos, perdidos,
llenando a diario la vida de vida misma,
cuando esa mala hora llegue,
espero estar preparado,
espero haber cumplido con mis encargos,
con mis mandas,
y quiero que me entierren sin caja
en un lugar alejado donde mi muerte
no sirva de ejemplo de vida, porque no lo habrá sido.
Quiero que en mi epitafio se ecriba:
"Aquí yace José y José ha amado"
Quiero que diga que amé,
que escuché siempre buen consejo,
que caminé por cuerdas flojas y, a veces, caí,
que miré los cielos estrellados sonriendo,
que siempre luché por la justicia,
que la justicia me definió,
quiero haber cumplido con mi encomienda
de luchar por un mundo mejor,
quiero que mi epitafio diga:
"Aquí yace José y José ha amado."
Habrá esa mala hora que nos llega a todos
en que llegue la muerte y me saque del sueño,
de este sueño que es la vida,
y espero estar preparado:
espero haber realmente vivido para poder morir;
Si llegas en la fecha correcta, bendita muerte,
te abriré la puerta y te recibiré con un buen café,
platicaré contigo y me llevarás al fin contigo
para reencontrarme con esa gente
que amé y que te habrás llevado...
Maldita muerte, si llegas antes de tu cita,
te estaré esperando en pie de guerra,
no me iré contigo sin oponer batalla".
Hugo Ochoa
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