"Hay que desear verdaderamente el silencio y no se debe escatimar ningún esfuerzo para conseguirlo, ya que es posible lograrlo. El silencio significa que también los pensamientos, los sentimientos y el corazón están tranquilos.
Hay que recogerse y serenarse: el silencio es plenitud y riqueza. El silencio es la tranquilidad de la vida interior; es presencia, sinceridad y disposición atesoradas; es disposición de alerta y plena.
Si alguien me pregunta con qué comienza la vida litúrgica, yo le respondo: con la vivencia del silencio".
Del libro: Preparación para la Celebración de la Santa Misa
Por: Romano Guardini
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