jueves, 20 de octubre de 2011

Tres motivos para Orar

"Pocas palabras bastan entonces a la oración para contemplar nuestra condición humana y vivirla en Jesucristo que la salva. Entonces se obrará una última unificación, aquella por la cual la oración y la vida ya no serán dos cosas.

La presencia y la acción del Espíritu Santo se reconocen por tres criterios.

El primer criterio es afectivo: la paz interior y la alegría.

El segundo criterio es más intelectual; san Juan nos lo indica: 'El que confiesa que Jesucristo es el Hijo de Dios, permanece en él y él en Dios' (1 Juan 4, 15).

El tercer criterio es ético: 'El que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él' (1 Juan 3, 23).

La paz, lo hemos dicho, es el sentimiento íntimo de vivir uno en el orden de Dios, y la alegría es la irradiación de la paz en el alma, en la sensibilidad y aun en el cuerpo.

Haciendo lo que se quiere, poseyendo lo que se desea, se encuentra quizá una satisfacción momentánea que aparta la atención del vacío permanente que la creatura es por sí misma; pero no se encuentra ni la paz ni la alegría. Por otra parte, el que vive según el orden de Dios no encuentra la paz ni la alegría; sino que ha sido encontrado por Aquel que es nuestra paz.

Por esto la paz y la alegría no son satisfacciones. Justamente sacian porque hacen vivir de una manera en la que cada vez hay menos necesidades por satisfacer. Quien vive en la paz y en la alegría es igualmente contrariado por los acontecimientos e igualmente mortificado en sus deseos que aquel que, sin paz ni alegría, logra hacer algunas veces lo que quiere, y obtener lo que le place. Éste depende de las cosas y de sí mismo; aquel depende de Dios, que no falla jamás.

Pero no se llega a todo esto sino por Dios. Y Dios viene a él, algunas veces en lo próspero y otras veces en la adversidad".

Del libro: "Orar con madurez".
Por: Edouard Pousset, et. al.

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