Hace unos minutos, una amiga me dejó hablando solo en MSN Messenger. Todo iba bien, estábamos platicando de lo más tranquilo sobre esto y aquello. De pronto, lo que empezó como una agradable plática dominguera terminó en una discusión derivada de nuestra divergencia de filosofías de vida. La discusión terminó rápidamente y sin dolor: se desconectó del MSN y me dejó escribiendo solo...
Eso no hubiera pasado si hubiéramos estado frente a frente. Una de las ventajas de estos medios de comunicación virtuales es que nos crean escenarios perfectamente neutrales: no hay huésped ni anfitrión, sino un lugar perfectamente neutral (la neutralidad no existe en el mundo real). Y es precisamente en este entorno neutral donde se puede desarrollar de manera plena esa parte oscura y secreta de nosotros mismo.
Y es que no estamos viendo a los ojos a la otra persona, y mucho menos la pantalla es un espejo que nos limite. Es por eso que al utilizar estos medios de comunicación se vuelven cómplices de nuestro Alter Ego. Pero más que Ego, prefiero llamarlo LEGO, ya que es en estas circunstancias que nuestra personalidad bien definida y comportada socialmente encuentra los LEGOS que le hacen falta para completar el rompecabezas.
En circunstancias normales reprimimos nuestros instintos, nuestros impulsos más básicos. Siempre buscamos guardar la compostura, mantener el control; sin embargo, a través de estas plataformas podemos hacer lo que queramos, sin la penosa necesidad de pedir disculpas. Y así se van sumando los LEGOS de los berrinches irracionales, los gritos no gritados, de las discusiones terminadas de la manera más abrupta...
Me resulta sumamente interesante cómo la tecnología se convierte de pronto en una mundo paralelo, donde encontramos el espacio perfecto para desarrollar un Alter Ego que no logramos desarrollar a plenitud en nuestra vida diaria.
JG
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