Y, ¿para qué tanto relajo?
Que si el aborto es legal, que si es pecado, marchas aquí, marchas allá, dilemas y controversias...
La situación todos la conocen, así que no redundaré.
Pero, ¿qué hace la Iglesia para evitar embarazos no deseados? Si en verdad no quiere recurrir al aborto, ¿qué hace la Iglesia para informar a los jóvenes sobre su sexualidad y evitar que sean papás a sus escasos 15 años?
Toda homilía suena como el típico sermón: ¡arrepiéntete porque eres un pecador! Dios, ¿y dónde están esas palabras de aliento que se necesitan? Lejos de salir renovado de misa, sales peor. Y a pesar de esto, ¿la Iglesia se sigue preguntando el por qué está perdiendo tantos fieles?
En cada sermón se condena al aborto, y se condena el uso del condón.
Si se sustituye al condón por al abstinencia, ¿a dónde nos llevará esa fórmula? Al menos a escuchar al brillantísimo señor gobernador del estado de Jalisco queriendo regalar, aparte de condones como medida de prevención, un six y la entrada al motel para que se la terminen de pasar bien nuestros jóvenes.
Todos marchan ferozmente, ensimismados, con la esperanza puesta en lo alto. Y con cada paso que dan sienten alcanzar su meta, ¡están acabando con el enemigo!
Y mientras los padres marchan, los hijos se quedan en casa. Y están solos en casa, y también condenan la abstinencia, que de poco les sirvió.
Mientras todos marchan y protestan en contra del aborto, ¿alguien me podría decir dónde quedó la conciencia y el condón?
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